Acabamos de comenzar un nuevo curso. He vuelto a disfrutar de la compañía de los alumnos/as “peques”. Cuando ocurrió este hecho fué el primer día de clase, aún no acababa de conocer sus nombres; pero vuelven a producirse los mismos hechos. Cuando hemos salido al recreo, y después de estar jugando un rato, se ha acercado una alumna y me dice “maestro tengo hambre”.
Este ha sido el punto de partida, para recordar la importancia de prestar atención a la alimentación. Que ésta sea correcta y sana, empezando con un desayuno equilibrado nos va ayudar a iniciar el día con la energía que se requiere para no desfallecer.
Otras veces he observado a los alumnos lamentándose de hambre en las horas previas al recreo, el motivo es que no suelen desayunar antes de salir de casa por “falta de tiempo”. El aprovechamiento de esas primeras horas no es el óptimo debido a la carencia de nutrientes de nuestro organismo.
Sanidad ya alerta de los hábitos alimentarios de los niños y su negativa repercusión en el rendimiento académico.
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